En un proyecto de biometano, la atención suele centrarse en la producción de gas, la tecnología de upgrading o la posibilidad de inyectarlo en red. Sin embargo, uno de los factores que más puede condicionar la viabilidad de la planta aparece después del proceso de digestión anaerobia: el digestato.
El digestato no es un elemento secundario. Puede representar entre el 85% y el 95% del peso de la materia prima que entra en la instalación, por lo que su gestión debe estar prevista desde el inicio. No hacerlo puede afectar a los costes operativos, a la tramitación, a la aceptación social del proyecto y a la posibilidad de valorizarlo como fertilizante o enmienda orgánica.
Qué es el digestato y por qué importa
El digestato es el material resultante de la digestión anaerobia, el proceso por el que residuos orgánicos se transforman en biogás mediante la acción de microorganismos en ausencia de oxígeno. Puede presentarse en forma líquida, sólida o separada en ambas fracciones, según la mezcla de materias primas, el diseño de la planta y los tratamientos posteriores.
Su interés está en que puede contener nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio. En determinadas condiciones, esto permite valorizarlo como fertilizante orgánico o como enmienda para suelos. Pero esa salida no es automática: exige trazabilidad, control del proceso, seguridad microbiológica, análisis del producto final y cumplimiento de los requisitos normativos aplicables.
Por qué puede condicionar la viabilidad de una planta
La gestión del digestato influye en la viabilidad de una planta por tres motivos principales. El primero es el volumen: si la mayor parte de lo que entra en planta sale como digestato, el proyecto necesita prever cómo se va a almacenar, tratar, transportar o valorizar.
El segundo es el coste. Analizar, transportar, separar, tratar o documentar correctamente el digestato puede tener un impacto relevante en el modelo económico. Y el tercero es la aceptación territorial. El almacenamiento y la aplicación del digestato pueden generar preocupación por olores, tráfico pesado, afección a aguas o suelos, y concentración de residuos orgánicos en una zona concreta.
Por eso, el digestato no debería resolverse al final del proyecto. Debería formar parte del análisis de viabilidad desde las primeras fases.
Qué exige la normativa para su valorización o comercialización
La posibilidad de valorizar o comercializar digestato depende del origen de los residuos, la composición final, el tratamiento aplicado, el uso previsto y la documentación disponible. En España y en la Unión Europea, los proyectos deben tener en cuenta normativa relacionada con residuos, fertilización, protección de aguas, sostenibilidad y comercialización de productos fertilizantes.
Entre las referencias relevantes se encuentran la Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados, el Real Decreto 553/2020 sobre traslado de residuos, el Real Decreto 1051/2022 sobre nutrición sostenible en suelos agrarios, el Reglamento (UE) 2019/1009 sobre productos fertilizantes UE y el Real Decreto 47/2022 sobre protección de aguas frente a nitratos de origen agrario.
Más allá de citar la normativa, lo importante para el proyecto es entender qué evidencias serán necesarias: trazabilidad de los residuos, control del proceso, análisis del digestato, parámetros microbiológicos como E. coli o Salmonella cuando apliquen, y documentación suficiente sobre el destino final.
Errores frecuentes al gestionar el digestato
Uno de los errores más habituales es diseñar la planta pensando en maximizar la producción de biogás y dejar la gestión del digestato para una fase posterior. Esto puede generar sobrecostes, dificultades en permisos o problemas de aceptación local.
También es frecuente asumir que el digestato podrá aplicarse en campo o comercializarse como fertilizante sin haber comprobado previamente su composición, su seguridad, su trazabilidad o la demanda real en el entorno. Otro riesgo es no dimensionar bien la logística de salida: el digestato ocupa volumen, requiere transporte y necesita una solución estable, no solo una opción teórica.
Qué debería prever un proyecto desde el inicio
Un proyecto sólido debería estimar el volumen de digestato que generará, analizar su composición, identificar posibles vías de valorización, prever necesidades de almacenamiento y transporte, revisar requisitos normativos y documentar la trazabilidad de entradas, proceso y salidas.
Este análisis permite detectar riesgos antes de que se conviertan en un problema operativo, económico o administrativo. También ayuda a explicar mejor el proyecto ante administraciones, financiadores, compradores y entorno local.
Cómo aportar confianza técnica en la gestión del digestato
En un contexto donde la gestión del digestato puede influir en la rentabilidad, los permisos y la percepción social, disponer de evidencia técnica es clave. Los análisis, ensayos, controles documentales y revisiones de trazabilidad permiten demostrar que el digestato se está gestionando con criterios de calidad, seguridad y cumplimiento.
SGS puede apoyar a promotores, operadores y agentes implicados mediante caracterización analítica, verificación documental, control de calidad y revisión de requisitos aplicables. Su papel no es sustituir la responsabilidad del promotor ni diseñar la solución de gestión, sino aportar rigor independiente en los puntos donde la evidencia técnica resulta clave para generar confianza.




