Para los exportadores latinoamericanos, esto significa reforzar sus programas de seguridad alimentaria, trabajar con un laboratorio acreditado ISO 17025 y desarrollar estudios de vida útil adaptados a cada producto. La validación ya no puede basarse únicamente en experiencia histórica; deberá sustentarse mediante microbiología predictiva, challenge test, estudios de durabilidad o análisis de shelf life según las características del alimento.
La vida útil de un alimento depende de múltiples factores, como el pH, la actividad de agua (aw), la formulación, el proceso productivo, el tipo de envase, la temperatura de almacenamiento y la cadena logística. Todos estos aspectos influyen en el crecimiento potencial de microorganismos como Listeria monocytogenes, especialmente en alimentos refrigerados listos para el consumo.
El Reglamento (UE) 2024/2895 establece que, salvo que exista evidencia científica robusta, los alimentos RTE que favorecen el crecimiento de Listeria deberán cumplir el criterio de ausencia en 25 g durante toda la vida útil. Cuando el fabricante quiera aplicar el límite de ≤100 UFC/g al final de la vida útil, deberá demostrarlo mediante estudios científicos aceptados por la autoridad competente. El whitepaper describe un enfoque escalonado que incluye caracterización del producto, revisión bibliográfica, microbiología predictiva, estudios de durabilidad y challenge tests cuando exista incertidumbre.
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