Desde las crisis alimentarias de los años 90 (mal de las vacas locas, dioxinas, etc), la certificación en materia de seguridad alimentaria se ha convertido en una herramienta fundamental en las relaciones B2B aportando una mejora de la confianza en el consumidor, en un sector donde la citada confianza es el atributo más importante.
Por otro lado, el disponer de un exhaustivo plan analítico centrado en aquellos contaminantes clave es fundamental para que lleguen a los hogares productos alimenticios seguros.
Todo ello, unido a un etiquetado transparente y riguroso, ha hecho mejorar los niveles de seguridad alimentaria considerablemente. Sin embargo, en los últimos años han surgido riesgos emergentes u otros que ya existían, como los alérgenos, que han aumentado su prevalencia en la población, siendo uno de los aspectos más críticos a controlar por parte del sector agroalimentario.
Las alergias alimentarias se consideran uno de los problemas alimentarios más importantes y con más incidencia en el siglo XXI, y así lo indican los datos de organizaciones como la Academia Europea para la Alergología e Inmunología Clínica (EACCI) donde se indican entre otras las siguientes cifras:
Según la EACCI estas alergias son más frecuentes entre los niños que entre los adultos y más comunes en el noroeste de Europa. Los datos indican que, aunque la incidencia parece estable a lo largo del tiempo, la prevalencia podría estar aumentando.
En uno de los estudios de EACCI se concluyó la siguiente prevalencia de alergias en Europa: leche de vaca, 6 %; trigo, 3,6 %; huevos, 2,5 %; pescado, 2,2 %; frutos secos, 1,3 %; marisco, 1,3 %; y cacahuetes, 0,4 %, según las alergias alimentarias autoinformadas.
Uno de los motivos de la modificación de la legislación europea en materia de etiquetado (aparición del Reglamento (UE) 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor) fue precisamente ese aumento de población alérgica a determinados alimentos y poder dotar al consumidor de un etiquetado más claro y transparente.
Por ejemplo, el Reglamento refleja que, en las etiquetas de los productos alimenticios, las sustancias o productos que causen alergias o intolerancias se deben destacar mediante una composición tipográfica que la diferencie claramente del resto de la lista de ingredientes, por ejemplo, mediante el tipo de letra, el estilo o el color de fondo.
Además, el Reglamento (UE) 1169/2011, indica que la Comisión adoptará actos de ejecución sobre la presentación de cierta información alimentaria voluntaria como es la posible presencia no intencionada en el alimento de sustancias o productos que causen alergias o intolerancias. Las denominadas trazas. Debido a esta tendencia, ha habido diferentes formas de interpretación de ese requisito indicándose alegaciones como “Puede contener trazas de XXX”, “Contiene trazas de XXX”, o “alimento elaborado en una fábrica donde se manipulan los siguientes alérgenos XXX”, etc. provocando confusión en el consumidor.
Recientemente la AESAN ha publicado el pasado 17 de diciembre un procedimiento para la gestión del contacto cruzado de alérgenos y el empleo del etiquetado precautorio de alérgenos, muy necesario, que establece niveles umbrales, para los alérgenos prioritarios, y pautas para realizar un correcto etiquetado precautorio basado en los recientes informes del Codex Alimentarius, FAO/OMS y las regulaciones de la UE.
Sin duda alguna, este procedimiento aporta transparencia al etiquetado de alérgenos y beneficia tanto a las empresas (mejor gestión de alérgenos) como a los consumidores, normalizándose el etiquetado precautorio de alérgenos (EPA) y facilitando la elección de compra al consumidor y no induciendo a error.
Tal y como indica el procedimiento de la AESAN, la aplicación del EPA debe estar sustentada en principios científicos que garanticen la seguridad del consumidor alérgico sin generar advertencias innecesarias que limiten su acceso a una alimentación variada y segura. Para ello, es imprescindible definir umbrales de referencia por debajo de los cuales el riesgo de reacción adversa pueda considerarse aceptablemente bajo. Estos umbrales permiten aplicar un sistema proporcional de gestión del riesgo basado en evidencia.
Más allá de este nuevo procedimiento de EPA muy necesario, las buenas prácticas para la prevención de la contaminación cruzada por alérgenos, además unido a un buen sistema de análisis de riesgo, se hace imprescindible disponer de un laboratorio de confianza. En este sentido, SGS dispone de laboratorios acreditados ISO/IEC 17025 con de capacidad analítica para analizar los 14 alérgenos legislados por el Reglamento (UE) 1169/2011 como herramienta fundamental de verificación de los sistemas de análisis de riesgo.
Por otro lado, desde SGS, mediante esquemas de certificación como FSSC 22000, BRCGS o IFS evaluamos exhaustivamente la gestión correcta de la contaminación cruzada por alérgenos, así como el etiquetado, mejorando la confianza en el sector.
SGS es la empresa líder mundial en ensayos, inspección y certificación. Contamos con una red de más de 2.700 laboratorios y centros de operaciones en 119 países, respaldados por un equipo de 99.250 profesionales. Con más de 145 años de excelencia en el servicio, combinamos la precisión y exactitud que caracterizan a las empresas suizas para ayudar a las organizaciones a alcanzar los más altos niveles de calidad, seguridad y conformidad.
Nuestro slogan-When you need to be sure- subraya nuestro compromiso con la confianza, la integridad y la sostenibilidad, permitiendo a las empresas avanzar con confianza. Estamos orgullosos de ofrecer nuestros servicios expertos a través del nombre de SGS y marcas especializadas de confianza, incluyendo Brightsight, Bluesign, Maine Pointe y Nutrasource.
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